La serie de tamices se alinea sobre el vibrador mecánico, desde la malla de 3 pulgadas hasta la No. 200. En Iquique, ese conjunto opera sobre muestras que casi siempre traen una firma particular: cristales de sal atrapados entre los granos. El equipo de laboratorio que desplegamos en la región procesa de inmediato porque la humedad ambiental de la costa —con el mar apenas a metros— acelera la corrosión de las partículas metálicas del tamiz. Realizamos el análisis completo combinando tamizado NCh 165 para la fracción gruesa y el hidrómetro NCh 165 para finos, incluyendo prelavado con dispersante químico cuando la muestra contiene halita o yeso. Nuestro laboratorio móvil opera bajo la acreditación INN ISO 17025 y entrega curvas granulométricas que los ingenieros civiles de la zona usan directamente en los modelos de capacidad portante para cimentaciones sobre arenas eólicas del sector Alto Hospicio y suelos finos de la planicie litoral. Para obra en terrenos con intercalaciones de caliche, el análisis se complementa con un ensayo CPT que perfila la resistencia de punta sin alterar la estructura cementada del depósito.
En Iquique la sal precipita dentro del tamiz No. 200 y falsea la curva granulométrica si no se corrige con lavado químico previo.
